He notado que muchas veces personas cercanas o lejanas a mí, se quejan de sentirse solitarios. Es el comentario más extraño, diría uno, porque están sumamente acompañados por otros: novia/novio, hijos, etc. ¿Están acompañados? ¿No es cierto?
La respuesta es que aparentemente están acompañados. Todo ese ruido alrededor de ellos les hace pensar que lo están. Sin embargo, se sienten solos, y lo están, de hecho.
En ausencia de sí mismo, el verdadero y real acompañante, un ser deambula este mundo solitario. Piensa estar acompañado, pero no lo está. La soledad lo socava de por dentro, excavando entre sí mismo, hasta que el ser se pierde entre el laberinto de soledad que siente y siempre ha sentido.
Una soledad crónica es problemática, porque el ser llega a pensar serla la normalidad. Que la soledad es la norma, a pesar de estar acompañado. Que sentirse con ese vacío existencial es lo que debe pasar. Sin embargo, no caen en cuenta que esa es su penumbra: la soledad forjada por su propia mano: por evadirse: por no querer escucharse: por ignorar a sí mismo: por haber depositado la confianza en que todo estaría bien algún día: por haber apostado en que las masas son la respuesta a resolver esta soledad.
¿Qué pasó? Es un ser desintegrado por fuerzas opuestas que no logran concordar. ¿Por qué? Porque mientras un lado quiere llevarlo a las masas, a perderse entre su delirio; la otra parte quiere llevarlo a sí mismo, donde yace la fuente de la felicidad.
Desintegrado el ser entonces deambula el mundo, sin respuestas a su penumbra.
¿Cómo encontrarse a sí mismo?, preguntaría alguien. Se lo diré, aquí mismo:
Soledad. ¿Me estás diciendo que para resolver mi soledad, debo estar solo?
Si.
¿Me estás diciendo que para encontrarme, debo estar solo?
Sí.
¿Por qué diablos?
Simple: Estando solo, completamente solo, lo que harás es adentrarte entre ti mismo y buscarte, buscarás felicidad entre ti mismo. Buscarás a la fuente que yace entre ti. Buscarás tu verdad, tu respuesta, tu enigma. Encontrarás a una luz brillante y candente, que no deja de pulsar luz benéfica.
Media vez te hayas encontrado, toca una parte difícil de superar. Pero ese tema lo hablaremos en otra entrada. Regresa en unos días y seguiremos discutiendo este tema.
Si te atrae leer más sobre esto, verás que mi obra: El Lóbrego Pastor, está rebosada en este tema, a parte de ser una aventura de fantasía épica. Lo descubrirás por tu cuenta.
Gracias por pasar por Existencialismus. Nos vemos pronto. Hasta luego.
No comments:
Post a Comment