Dar el extra paso es algo vital para
lograr transcender en nuestra vida. Muchos de nosotros sabemos, de hecho, que
deberíamos de dar el paso extra, pero no lo damos.
¿Por qué no lo daría alguien?, pensarían algunos. La razón fundamental
detrás de la carencia de dar el paso extra para alcanzar a ese "adicional
detalle", va hilado a la dificultad que presenta. Llegar a completar el 90% de
cualquier empeño es relativamente fácil, comparado al último 10% que podría
darse para generar al borde destacado que aludiría a la perfección.
¿10%?, no es nada. No hace la diferencia. Me quedo con el 90%, suficiente para mí, diría alguien. Pero no es suficiente. Ese último 10% hace
toda la diferencia. Hace la diferencia, no sólo en cómo el product final del esfuerzo quedará, sino aun más importante, en lo que el
evento significará para nuestra existencia: exceder nuestras expectativas y empujar nuestros límites.
La satisfacción personal que podría surgir luego del evento, es decir, de
haberse llevado a cabo el paso "extra", es de vital importancia. Nos
rellenará de amor propio, algo delicioso de sentir. Nos llenará la mente de una
fuerza vital, cual nos dirá incesantes veces que todo trazado como meta por nosotros, será
cumplido, y eso, con austera la fuerza.
Dar el extra paso hacia el horizonte de la perfección es de vital
importancia. Podemos vagar por el mundo bebiendo de nuestro sopor mediocre,
pero es algo que al largo plazo nos brindará con la agrugra de la insatisfacción existencial. Hacer las
cosas a mediana potencia construye a seres que son exageradamente complacientes, quienes no desean más que estar sentados, observando al mundo acontecer mientras el
tiempo les atraviesa de lado a lado.
Seamos proficientes en la labor diaria, ya sea en remedar un problema personal, o
cerrar una venta en el negocio. Si tratas al mundo dentro de ti con altas
demandas de perfección, crearás al final a un ser sólido, con principios bien
cementados, con cuya solidez existencial contagiarás a los otros a desear de sí ser
superiores a lo que ahora son.
Espero que esta entrada os haya sido como un respiro de néctar existencial.
Regresad seguido para encontrar más entradas existenciales.
Paul Andreas Wunderlich.
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